que-notas-son-estasA través de Facebook me ha llegado la imagen que tenemos a la izquierda. Está escrita como un chiste, pero es una realidad palpable hoy en día en nuestra sociedad. Parece inocente, pero este tipo de acciones tienen una implicación social mucho más importante de lo que parece y que nos afectan a todos Con este tipo de acciones estamos desprotegiendo a nuestros hijos frente a la vida y a lo que se van a tener que enfrentar en un futuro.

En los sesenta y setenta (y supongo que en décadas anteriores, pero esas no las viví), como bien indica la imagen la responsabilidad estaba puesta en nosotros mismos y todos nos pedían explicaciones sobre nuestros actos y comportamientos; hoy en día es muy frecuente poner la responsabilidad fuera de nuestros hijos. Si ellos suspenden o se comportan inadecuadamente la «culpa» es del entorno: de sus amigos, de sus profesores, de sus tíos, … de la sociedad, nunca del niño.

Esa falsa protección del menor da lugar a efectos futuros que él piense que todo lo que le sucede se debe a hechos externos a si mismo y que, por lo tanto, todos sus problemas se los tengan que resolver los demás, entre otros Papá Estado, que para eso está allí, para hacerme a mí la vida fácil.

Hemos llegado a tal absurdo, que hoy en día es posible obtener una titulación académica no habiendo aprobado todas las asignaturas (la ESO es posible obtenerla hasta con tres asignaturas suspendidas).

Con todo esto nos cargamos la cultura del esfuerzo y la responsabilidad individual sobre las propias acciones y sucesos que acontecen en nuestra vida.

Nos asustamos de la cantidad de «ninis» (ni estudian, ni trabajan) que existen en nuestra sociedad, pero es lo que estamos fomentando con esa protección tan dañina que ejercemos sobre nuestros hijos.

Recuerdo una conversación a mediados de los 80 con un amigo escocés que vivía en la misma residencia que yo lo hacía en Londres sobre este tema. Paul tenía entonces entre 25 y 30 años y estaba muy preocupado por su vida futura. Eran los tiempos en que todos los parados en el Reino Unido recibían un subsidio solamente por serlo. El estado pagaba la residencia (que, en este caso, pertenecía al ayuntamiento) y le daba algo de dinero de bolsillo para sus gastos. Paul complementaba esto repartiendo periódicos gratuitos a la entrada del metro dos o tres días a la semana. El me decía que no sabía que hacer ya que la residencia costaba 60 libras a la semana, recibía otras entre 25 y 30 para sus gastos de bolsillo y se sacaba 10 libras por hora por lo de los periódicos (60 a la semana). Echaba cuentas y decía,

«trabajo seis horas a la semana y tengo el equivalente a unos 150 libras a la semana, más de 600 al mes. Eso me cubre lo que necesito, pero ¿cuanto va a durar esto?. Trabajar no me compensa porque pagaría impuestos y para quedarme igual tendría que ganar unas 800 libras al mes (recuerdo, mediados de los 80), así que para que me compensara tendría que buscar algo por unas 1.500 libras al mes, ¿donde voy a encontrar yo esto?. Es imposible. Y cada año peor. No voy a trabajar nunca»

Eso es lo que creó un estado excesivamente proteccionista, miles de personas que no eran capaces de ganarse la vida por sí mismos, eso es lo que creamos nosotros con nuestros hijos, personas que serán incapaces de ganarse la vida por sí mismos o enfrentarse a problemas que la vida les va a proporcionar.

Si realmente quieres a tus hijos, ponles las cosas difíciles, haz que se tengan que esforzar para conseguir lo que desean, eso les hará estar más preparados para afrontar las inclemencias de la vida.

Si realmente quieres a tus hijos, incúlcales la responsabilidad personal sobre lo que les sucede y hazles ver que el foco de la solución de lo que sucede está en ellos mismos.

Si realmente quieres a tus hijos, oriéntales a que tomen acción y solucionen por sí mismos sus propios problemas, que no sean sus padres o la sociedad quien les tenga que «sacar las castañas del fuego».

Si realmente quieres a tus hijos, la siguiente vez que las notas no sean las deseadas, pídeles a ellos explicaciones, no a su profesor.

Si realmente quieres a tus hijos, predica con el ejemplo, que tus hechos hablen tal alto que no dejen oír lo que dices. Nuestros hijos harán lo que nos vean realizar a nosotros, enseñamos con el ejemplo, no con la palabra.

Habrá nuevas reflexiones en las próximas semanas. Si quieres ser avisado sobre ellas, deja aquí tu correo y serás informado según se publiquen. A la vez que recibirás el libro digital 50 libros de negocio que merece la pena leer

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