Era el último sábado de abril y ese era el día en que Mario y sus compañeros de promoción se reunían. Llevaban haciéndolo desde que acabaron C.O.U., de eso hace ya muuuuuchos años.

Era un día importante para muchos de ellos, se juntaban prácticamente todos los compañeros del curso e incluso invitaban siempre a algún profesor de la época, recordaban viejos tiempos, contaban anécdotas y ahora gracias a la tecnología siempre había alguien que sorprendía con algún montaje o que había encontrado en Facebook o Linkedin a algún compañero perdido y traía noticias y recuerdos de él o se presentaba en la comida alguien que vivía lejos y al que habían encontrado en las redes sociales.

Tras los correspondientes abrazos, recuerdos, los “¿qué es de tu vida?” “pues mejor que tu pelo; por lo menos existe…” y demás bromas pasaron a comer.

En esta ocasión Mario estaba sentado al lado de Andrés, con el que había tenido poco trato, era compañero de curso, pero no habían coincidido nunca en la misma clase y además practicaba otros deportes, por lo que poco sabía sobre él. Como es de suponer dadas las circunstancias las conversaciones giraban en torno a la crisis, el desastre de políticos que tenemos (aquí había diversidad de opiniones, unos opinaban que son todos unos ineptos, otro grupo que lo que son es inútiles y un tercero grupo que entendía que son ambas cosas a la vez) y al fútbol.

No todo eran bromas y chistes. Había personas que lo están pasando realmente mal, que han perdido su empleo o han tenido que cerrar su negocio y contaban sus problemas, que eran muchos debidos a la edad, la falta de reciclaje y el pensar que son otros quienes nos tienen que solucionar nuestros problemas (“a ver si salimos de esta crisis y la economía empieza a ir mejor”, como si eso fuera a solucionar nuestros problemas.Si seguimos haciendo lo mismo y no mejoramos, pasará la crisis general, pero no la nuestra individual).

Así Yosu contaba como había tenido que transformar su pequeña cadena de comercios: algunos los había cerrado y despedido a sus empleados, él y su mujer habían tenido que ponerse de nuevo a trabajar en el día a día del negocio y estaba en economía de subsistencia, apagando luces, renovando poco los escaparates.

Por su parte, Antonio relataba que en la empresa en la que trabajaba las cosas no iban mejor, habían identificado una serie de áreas de mejora pero no encontraban el momento de empezar, se iba retrasando todo una y otra vez por los motivos más peregrinos, siempre se encontraba uno para retrasar hacer lo que tenían que hacer y eso le preocupaba mucho porque se temía que no se tomara nunca acción y cuando se hiciera fuera ya demasiado tarde. En ese momento intervino Andrés y les dijo, permitirme que os cuente una anécdota que a mí me ayudó a cambiar mi forma de pensar:

Durante la campaña de las Galias el, entonces, general romano Servio Tulio estaba al frente de una de las legiones del ejército y se le había encomendado conquistar la zona de Bretaña. La campaña estaba siendo exitosa y de los 4.200 hombres que conformaban su legión mantenía a la gran mayoría en su avance y las pequeñas escaramuzas con los habitantes locales no le mermaban en exceso. Existía un cierto aire de control y de supremacía hacia el enemigo…”,

«pero la dicha no es eterna«, terció Andrés «y las crisis no son cuestión exclusiva de la actualidad, sino que también se daban en el pasado…

En el caso de la legión de Servio Tulio, su crisis vino al cruzar un río, momento que aprovecharon los galos para atacar en ambos lados. Causaron grandes bajas en todos aquellos que les pilló en el agua y rompieron la legión en dos partes (aquella que ya había cruzado y a la que impidieron retroceder y la que todavía no lo había hecho y le impidieron avanzar). Al general le cogió en la zona delantera con no más de 4 ó 5 centurias y viendo el cariz que tomaban los acontecimientos les ordenó avanzar y buscar refugio donde pudieran. Tras unas horas de huida controlada alcanzaron una pequeña colina extraordinaria para la defensa: grandes rampas y con una zona de rocas y un pequeño bosque en lo alto que les permitiría defenderse.

Ordenó acampar y hacerse fuerte en esa zona. Repusieron fuerzas y Servio Tulio reunió a sus centuriones y les ordenó que hicieran un análisis de la situación, enviaran unos hombres a investigar y trazaran un plan. Les dio 24 horas para tener un informe y un plan de acción.

Al día siguiente le indicaron que la situación era muy complicada y que las avanzadillas habían visto miles de galos en los alrededores que tenían tomado el río y que era imposible que el resto de la legión llegara hasta ellos, así que tenían que prepararse para resistir, para ello habían recogido todos los caballos que habían quedado sueltos, que les servirían de comida y los habían situado en una zona protegida en una esquina de la colina; habían creado una pequeña presa donde se acumulaba el agua y que les permitiría beber sin depender de que los galos cortaran el río que atravesaba la zona en la que estaban; así mismo durante la noche habían acudido al río principal y recogido todos los escudos, pillum y cualquier objeto con el que pudieran fabricar un arma. Con todo esto aguantaremos por lo menos un mes, dijeron con mucho orgullo y seguros de haber hecho un buen trabajo

¿y cuál es el plan?” preguntó Servio Tulio

Esperar aquí hasta que el resto de la legión consiga atravesar el río y venir hasta nuestra posición”, contestó uno de los centuriones.

«¿Y si no lo consiguieran o esto les tomara más de un mes? Por lo que decís hay varios miles de galos y estamos divididos y el resto de la legión no cuenta con un general que les de órdenes. Sospecho que esperarán a que llegue uno desde Roma”

“En ese caso analizaremos la situación cuando se vayan acabando las provisiones y haya que actuar”

“No me vale, necesito un plan alternativo para salir de aquí mañana. Trabajar en él”, dijo Servio Tulio

Al día siguiente a la hora convenida acudieron los centuriones muy exaltados y asustados e indicaron que alguien había roto la presa y además lo había dejado de modo que no se podía volver a construir. Para empeorar la situación alguien había soltado a todos los caballos y ya no tenían agua ni provisiones.

Lo sé”, dijo Servio Tulio. “Yo mismo lo hice con ayuda de mi escolta. No quiero un plan que nos garantice un mes de penurias y cuando estemos agotados, asustados y sin provisiones improvisemos cualquier cosa y luchemos para morir; si tengo que morir luchando, que sea cuando estoy fuerte y fresco. ¿Cuál es vuestro plan para salir de aquí inmediatamente?

Andrés explicó que este relato le hizo replantearse muchos aspectos de su vida personal y  profesional y darse cuenta de que

y no esperar que un tercero nos solucione los problemas que nosotros nos hemos creado y que además

Y tú,

una vez que tomas una decisión ¿la pones en marcha o esperas a que alguien te obligue a hacerlo? y

¿Eres de los que crees que tus problemas los tienes que solucionar tú con la ayuda de alguien o de los que esperan que se los solucionen otros?

¿Has vivido en alguna ocasión algo similar? ¿Cómo lo afrontasteis? Cuál fue el resultado?

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Este es uno de los artículos que están en el libro Yo en eso no me monto